¿Cuántos libros hemos recorrido en tren? ¿Cuántas las veces en que se posó ese viejo negativo fotográfico haciendo las veces de marca páginas para invadir tu atención sobre la lectura?
Ya casi se ha marchado tu rastro de olor a moho nihon de mis estantes, y en cuanto rebasé los 198cm de tu órbita, comencé a contener de nuevo la respiración, esperando tu vaivén de equinocio en equinocio.
Mi koibito es el alquimista de la metafísica y las emociones, por que solo con su presencia convierte la nada en plenitud y con su ausencia el gozo en añoranza.”
Para escribir primero es necesario naufragar. Hay que naufragar como si llevara la vida en ello, tirar las ideas por la borda y quedar a la deriva asido de lo primero que salga a flote.
A lo largo de un año a la deriva, fui excluyendo todas aquellas parrafadas que se habían sumido en la nada del sentido, y que de tan recargadas de esos sinsentidos se hundieron por su propio peso. Antes tenía un largo trecho recorrido en mi mejor composición, a la que poco a poco fui despojando de su palabrería inútil hasta dejarla en conceptos e ideas, que de nuevo vuelven a encontrarse en un único manuscrito impreso en mi cabeza.
No fueron mis escritos los únicos en sufrir la implacable censura de la falta de sentido, sino también cualquier idea que hubiese expresado en cualquier medio: empecé a arrancar hojas de los cuadernos, tirar dibujos que hasta entonces eran como tesoros, incluso forzar a borrar de mi cabeza todo lo que era prescindible.
Así es como se naufraga, cuando ya no tienes cosas sobre las que flotar en tu cabeza, ni pretextos que te lleven de un lado a otro, ni la necesidad de rumbos utópicos planteados por individuos a los que ignoras. Pero tampoco hay que dejarse engañar por el nihilismo superfluo que comparte la sociedad, ni permitir que tu entorno determine el bien que decidas perseguir. Aun y todo esto, soy consciente de que poseo un conocimiento, y que este viene dado por otros, y que lo que pueda llegar a perseguir lo haré en base a esto (porque por mucho que lo deteste, negar a otros es negarse a uno mismo), por lo que no puedo negar la evidencia de que yo también alcanzaré algo por poco que crea en ello ahora.
Soy consciente de que llegaré a algo aunque no me planteé de que se trate, ¿no es acaso más interesante de este modo? Dirigirse al horizonte sin querer adivinar lo que se vislumbra en él…